Un mismo texto con/sin lenguaje igualitario (III)

En dos anteriores posts (http://efipsa.com/blog/management/un-mismo-texto-consin-lenguaje-igualitario/ y http://efipsa.com/blog/eficacia/un-mismo-texto-consin-lenguaje-igualitario-ii/) nos ocupamos de que el sistema lingüístico español ofrece posibilidades para que no se produzca discriminación sexual en su uso. En ocasiones no se trata tanto de “feminizar” el lenguaje si no de dejar de usar palabras o expresiones determinadas para tener un trato igualitario.

Hoy nos ocupamos de los vacíos léxicos, los falsos genéricos, las asociaciones lingüísticas peyorativas, el salto semántico, orden de presentación, denominación sexuada y aposiciones redundante.

  1. Vacíos léxicos. Se trata de palabras que carecen de correlato o dual en el otro género. La ausencia suele perjudicar a las mujeres. Por ejemplo misoginia significa “aversión u odio a las mujeres”. No existe ninguna palabra que nombre la aversión u odio a los varones. Otros ejemplos sin correlato en femenino: hombría, caballerosidad, hidalguía, hombre de bien…
  2.  Falsos genéricos. Se trata de vocablos que aparecen como genéricos, teniendo alternativas actualmente. Por ejemplo la palabra hombre con significado de humanidad: “historia y evolución del hombre”. Lo igualitario sería: “historia y evolución de la raza humana”.
  3. Asociaciones lingüísticas peyorativas. Los términos sobre los valores que se entienden como “femeninos” se definen normalmente a partir de convenciones o prejuicios sociales y no de criterios lingüísticos. Se verifica también la existencia de numerosas palabras que denotan insulto únicamente para las mujeres. Por ejemplo la palabra zorra, además de designar a un mamífero, se asocia a prostituta; fregona es, en sentido despectivo, una criada además de un utensilio para limpiar el suelo; Maruja es un ama de casa de bajo nivel cultural; la expresión “quedarse para vestir santos” se ha relacionado siempre con una mujer que ha quedado soltera.
  4. Salto semántico. El salto semántico es un fenómeno lingüístico que consiste en que un vocablo, con apariencia de genérico, (esto es, se le supone que incluye a hombres y a mujeres), revela más adelante que su valor era específico (sólo incluía a varones). Por ejemplo para la expresión “el seguro médico cubre a los afiliados y a sus mujeres”, lo correcto sería “el seguro médico cubre a las personas afiliadas y a sus cónyuges”.
  5. Orden de presentación. La anteposición, como norma, del masculino al femenino en las frases, supone aceptar la preferencia de un género sobre otro. No existe ninguna justificación gramatical que explique el uso sistemático de la forma masculina delante de la femenina. Aunque siempre es preferible evitar los desdoblamientos (excepto cuando no haya otro modo de visibilizar a las mujeres), lo lógico es que si se producen, se introduzcan de forma alterna, para evitar consolidar la jerarquía sexual. Por ejemplo si en un documento se hace referencia constante a las personas consumidoras, en ocasiones se puede desdoblar usando a lo largo del texto los consumidores y las consumidoras y también las consumidoras y los consumidores.
  6. Denominación sexuada. Otro problema de falta de simetría tiene que ver con la forma de mencionar a los varones, a los que se identifica por su cargo, oficio, profesión, etc. Sin embargo, en ocasiones las mujeres son identificadas antes por su sexo o por su dependencia de un varón (padre, marido, etc.) que por sus méritos o identidad propia. Por ejemplo en la expresión “el seguro indemnizará a los accidentados: tres mujeres que pasaban por la acera y los dos operarios que estaban trabajando en la obra.”, lo correcto sería: “El seguro indemnizará a las cinco personas accidentadas: las tres mujeres que pasaban por la acera y dos hombres, que eran los operarios que estaban trabajando en la obra.”
  7. Aposiciones redundantes. Consiste en destacar la condición sexuada de las mujeres por encima de otras cualidades que son pertinentes al asunto que se trata. Por ejemplo en la expresión “la manifestación terminó con la lectura de un manifiesto de las mujeres periodistas”, la expresión “las periodistas” marca el género por sí sola, sin necesidad de añadir el término “mujeres”.

Nuevamente observamos que nuestro idioma dispone de una gran riqueza y variedad de forma para poder desarrollar un lenguaje igualitario y no sexista.

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