Un mismo texto con/sin lenguaje igualitario (II)

Ya comentamos en un post anterior que el sistema lingüístico español ofrece posibilidades para que no se produzca discriminación sexual en su uso. Se trata de utilizar estrategias y recursos que no faltan a la gramática, ni contravienen el principio de economía del lenguaje, sino todo lo contrario, ya que la mayoría se caracterizan, precisamente, por su brevedad. Veamos algunos ejemplos a este respecto para evitar el uso abusivo de duales aparentes y vocablos ocupados.

Los duales aparentes son términos que cambian de significado según se apliquen a un sexo o a otro. Suele ocurrir, sobre todo en palabras que designan cargos o profesiones en los que las formas femeninas son “vocablos ocupados”, es decir, poseen un significado previo inferior o negativo con respecto a la forma masculina, lo que dificulta su empleo de un modo igualitario.

Veamos algunos ejemplos:

La expresión “mujer pública” designa históricamente a la prostituta, lo que dificulta su uso, cada vez más necesario, de “mujer que se ocupa de los asuntos públicos”.

Señora de la limpieza y Señora de compañía. Curiosamente, no existen los correspondientes masculinos señor de la limpieza ni señor de compañía, cuando estos oficios pueden desempeñarlos igualmente personas de ambos sexos. Por lo tanto, lo igualitario sería utilizar: limpiador/limpiadora en lugar de señora de la limpieza, la acompañante, en lugar de señora de compañía.

Señorito/señorita. El término masculino señorito se refiere al amo con respecto a los criados o al joven “acomodado y ocioso”, mientras que señorita es un tratamiento de cortesía con que se denomina a la mujer en determinadas profesiones (maestras, dependientas, etc.) y/o de estado civil soltera (lo que no se utiliza en el caso masculino). De nuevo nos encontramos ante un tratamiento desigual, pues nadie emplea el término señorito para llamar a un maestro, un dependiente o un hombre soltero. La lengua española posee posibilidades para que el tratamiento sea simétrico, y así podemos dirigirnos a las mujeres que desempeñan estas profesiones con los términos profesoras, dependientas o simplemente señoras, en vez de señoritas.

Secretario/secretaria. La voz secretario se emplea para designar un alto cargo de la Administración, mientras que secretaria parece solo aludir a tareas subalternas y de apoyo administrativo. El hecho de que el término secretaria “esté ocupado” hace que, con frecuencia, se utilice el masculino secretario cuando la mujer desempeña un puesto de estas características colocando el artículo femenino: la secretario.

Gobernante/gobernanta. Un fenómeno similar se da con el dual gobernante/gobernanta. El masculino tiene un sentido de mayor prestigio (hombre que gobierna) que el femenino (mujer encargada de la administración de una casa o institución o mujer dominante). Esto lleva, como en el caso de secretario, a que se mantenga, en ocasiones, la forma gobernante precedida del artículo femenino “la” para designar a una Jefa de Estado.

La solución a los duales aparentes es difícil, porque con frecuencia el término femenino ya está ocupado con un sentido que frena su utilización en los mismos contextos en los que se emplea el término masculino. Sin embargo debemos hacer esfuerzos por deshacer estas asimetrías del lenguaje buscando fórmulas alternativas, aunque supongo a veces dar una vuelta a nuestro lenguaje.

 

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