Síntomas característicos del estrés

No todas las personas tienen los mismos síntomas cuando están sometidas a una situación de estrés. Existen diferencias individuales en base a su aprendizaje, predisposición psicológica y biológica. Ante una misma situación, una persona puede tender a tener, por ejemplo, problemas musculares, dolores de espalda, etc. mientras que otra los puede tener de tipo gastrointestinal (p.ej. úlceras) etc.

De manera general y teniendo en cuenta nuestro triple sistema de respuesta, los síntomas asociados a la respuesta de estrés pueden ser los siguientes.

Síntomas a nivel cognitivo: preocupación excesiva, sensación de miedo, de no poder controlar el pensamiento, dificultad para concentrarse y tomar decisiones, pensamientos repetitivos y/o catastrofistas (pensamientos negativos sobre uno mismo y pensamientos negativos sobre su actuación ante los otros), excesiva autocrítica e hipersensibilidad a la crítica por parte de los otros, olvidos y disminución de la memoria, enlentecimiento del pensamiento, preocupación por el futuro, temor al fracaso, etc.

Síntomas a nivel emocional y fisiológico:

A nivel emocional: inquietud, irritabilidad, nerviosismo, tensión, fluctuación del estado de ánimo (cambios de humor), sensación de angustia, deseo de llorar y/o sensación de tener un nudo en la garganta, apatía, retraimiento afectivo, tristeza, sensación de soledad, agotamiento emocional.

A nivel fisiológico:

  1. Síntomas cardiovasculares: palpitaciones, pulso rápido, tensión arterial alta y accesos de calor…
  2. Síntomas respiratorios: sensación de sofoco, respiración rápida y agitada, opresión torácica…
  3. Síntomas gastrointestinales: nauseas, vómitos, diarreas, molestias digestivas…
  4. Síntomas neuromusculares: tensión muscular, hormigueo, temblores, dolor de cabeza, cuello y espalda, fatiga excesiva, temblor corporal…
  5. Síntomas genitourinarios: micciones frecuentes, eyaculación precoz, descenso del deseo sexual, anorgasmia…
  6. Síntomas neurovegetativos: sequedad de boca, sudoración excesiva, manos frías, sensación de mareo o vértigo…

Síntomas a nivel conductual: agitación y/o necesidad de moverse constantemente, dificultades en el habla, risa nerviosa, tics, trato brusco en las relaciones sociales, apretar las mandíbulas y rechinar de dientes, aumento del consumo de tabaco, alcohol y otras sustancias, aumento o disminución del apetito, trastornos del sueño, evitación de situaciones temidas, tartamudeos, morderse las uñas, bloqueo de comportamiento (quedarse paralizado/a).

 

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