¿Merece la pena gestionar bien nuestras preocupaciones?

El miedo es una emoción que todos los seres humanos experimentamos en algún momento a lo largo de nuestra vida. Su función es conservar nuestra  supervivencia y ponernos en alerta ante situaciones que la amenazan; por lo tanto cumple una función de carácter adaptativo. Sin embargo, dejarse llevar por él sin ningún tipo de control, deja de ser adaptativo.

El paso previo a sentir miedo es la preocupación: una señal que nos avisa de que el miedo pueda hacer acto de presencia. Normalmente la preocupación se manifiesta a modo de “rumiación de pensamiento” y pueden conllevar alteraciones parecidas a las de la ansiedad. En la actualidad, existe un gran número de preocupaciones derivadas, sobre todo, del nuevo contexto socioeconómico que se añaden a las habituales del día a día.

Ahora bien, las preocupaciones deben manejarse y gestionarse como una señal de alarma y no como una herramienta de afrontamiento o prevención del miedo ya que realmente carecen de utilidad y sin embargo generan un gran malestar emocional.

Existen mecanismos y estrategias alternativos y más eficaces que la preocupación como vía para hacer frente con éxito a situaciones problemáticas, de incertidumbre, de cambio, etc. y que tienen que ver con estrategias cognitivas que nos ayudarán a:

    • Distinguir la “preocupación buena de la mala”, esto es distinguir aquella pre-ocupación que nos ayuda a prepararnos para la acción de la que nos paraliza.
    • Aprovechar la oportunidad que nos brinda una preocupación para ser más eficaz resolviendo los problemas. Si nos pre-ocupamos bien, resolveremos mejor nuestros problemas.
    • Cortocircuitar las preocupaciones con algo parecido al  “kárate a las preocupaciones”, es decir un conjunto de “llaves” y maniobras para paralizar y derribar nuestras preocupaciones.

Al final y como último recurso podemos abordar nuestras preocupaciones desde la sabiduría china, la cual en uno de sus proverbios nos propone lo siguiente:

efipsa-Si-un-problema-tiene-solucion-para-que-preocuparse

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