Las actitudes positivas nos abren puertas

Poner en marcha comportamientos adecuados en nuestra relación con los demás depende no solo de las habilidades y destrezas que poseamos sino también de nuestra actitud personal respecto a nuestros interlocutores y la situación que compartimos.

Las actitudes son predisposiciones positivas o negativas hacia las circunstancias y hacia los demás, y se componen de:

  • Lo que creemos acerca de lo que está bien y lo que está mal, lo que es aceptable y lo que no lo es. Según lo cual evaluamos y juzgamos las situaciones y comportamiento de los demás.
  • El sentimiento que nos genera el comportamiento de las personas pudiendo ser positivo o negativo, es decir, de agrado o desagrado.

Las actitudes se muestran en el trato a través de nuestro comportamiento y dado que colaboramos en formarlas, también podemos modificarlas. Normalmente, recibimos en función de lo que damos, por lo tanto:

  • Las actitudes positivas nos abren puertas y provocan el deseo de ayudar y de aceptar la ayuda.
  • Las actitudes negativas nos cierran muchas puertas, hacen que recibamos menos y raramente seamos una fuente de ayuda para los demás.

Las percepciones, opiniones y expectativas que tenemos unas personas respecto de otras influyen notablemente en la comunicación interpersonal, en la evaluación que hacemos del comportamiento de los demás, en cómo los juzgamos, en los sentimientos que nos despiertan, en la realización de las tareas, en la disposición para resolver problemas…

Por lo tanto, una actitud positiva ante la vida y hacia los demás es un facilitador inestimable de la comunicación, logra que los demás se abran a nosotros, interesándose por lo que decimos y transmite nuestro interés por lo que las otras personas nos quieren comunicar.

Además de la actitud que mantenemos frente a los demás, existen otros elementos que pueden favorecer que nuestra comunicación y nuestras relaciones sean más eficaces. Señalamos aquí los más relevantes:

  • Considerar la situación personal de nuestro/a interlocutor/a y las normas del contexto en el que se lleva a cabo el proceso de comunicación.
  • Buscar el lugar y momento más adecuados para comunicarnos así como evitar “ruidos e interferencias” que puedan dificultar el proceso de comunicación.
  • Tener claro cuál es nuestro objetivo en cada situación de relación interpersonal: ¿qué queremos conseguir?, ¿qué queremos transmitir?, ¿qué impacto queremos causar?, etc.
  • Propiciar estados emocionales que contribuyan a la expresión libre de opiniones, intereses, posiciones, etc. y escuchar sin medida.
  • Verificar que hemos sido entendidos/as en todo momento.
  • Mantener una coherencia entre lo que decimos y cómo lo decimos y, sobre todo, entre lo que comunicamos y nuestro comportamiento en general.
  • Evitar estereotipos, etiquetas y generalizaciones excesivas.

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