La inteligencia emocional aplicada a la gestión de conflictos

El término Inteligencia Emocional hace referencia a la capacidad de sentir, entender, canalizar y manejar nuestras emociones y las de los demás.

Debido a que las emociones tienen una función adaptativa, la Inteligencia Emocional no conlleva “ahogar” o impedir que las emociones tengan lugar en situaciones de conflicto, sino saber cómo dirigirlas adecuadamente en función de cada situación.

El concepto de “Inteligencia Emocional”, según Goleman, enfatiza el papel preponderante que ejercen las emociones dentro del funcionamiento psicológico de una persona cuando ésta se ve enfrentada a momentos difíciles o especiales y tareas importantes: los peligros, las pérdidas dolorosas, la persistencia hacia una meta a pesar de los fracasos, el enfrentar riesgos y retos, los conflictos con un compañero en el trabajo, etc.

En todas estas situaciones hay una implicación emocional que puede culminar en una acción exitosa o bien interferir negativamente en el resultado final.

Este conjunto de habilidades de carácter socio-emocional es lo que Goleman definió como Inteligencia Emocional. Esta puede dividirse en dos áreas:

  • Inteligencia intrapersonal: capacidad de formar un modelo realista y preciso de uno/a mismo/a, teniendo acceso a los propios sentimientos y usándolos como guías en la conducta.
  • Inteligencia interpersonal: capacidad de comprender a los demás, saber qué los motiva, cómo operan, relacionarse adecuadamente con ellos… Capacidad de reconocer y reaccionar adecuadamente ante las emociones de las otras personas.

En resumen, según Goleman, la inteligencia emocional se compone de:

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