Control de nuestras emociones: técnica de parada de pensamiento

Las emociones son procesos psicofisiológicos que representan modos eficaces de adaptación a ciertos cambios y demandas ambientales. Se trata de un tipo de respuesta que ha ido perfeccionándose por el proceso de selección natural con vistas a nuestra propia supervivencia. Apenas tenemos unos meses de vida, aprendemos emociones básicas como el miedo, el enfado o la alegría.

Las emociones sobrevienen de manera súbita, nos preparan y llevan a la acción pero determinados estados emocionales pueden resultar disruptivos desde el punto de vista de la atención y la concentración en el trabajo. Cuando esto sea así, nuestros pensamientos y sensaciones hacen que “perdamos el contacto” con la tarea.

En estos casos podemos poner en marcha las siguientes técnicas:

Técnica de parada del pensamiento

En ocasiones no podemos dejar de pensar en algo y eso supone un freno a nuestra concentración. No basta con no querer pensar en algo para controlarlo, de hecho, cuanto más queramos no pensar en algo, más difícil resulta conseguirlo.

Muchas veces, cuando algo nos preocupa y nos causa malestar acude a nuestra mente de manera repetida y el simple hecho de no querer pensar en ello es lo que hace que “no podamos dejar de pensar”. Se trata de pensamientos “intrusivos”, irracionales y que nos causan gran malestar.

En estos casos la técnica de parada de pensamiento nos puede resultar especialmente útil. Vemos en qué consiste.

El objetivo de la parada de pensamiento es reducir la frecuencia y duración de estos pensamientos cambiando el foco de atención y aumentando el sentimiento de control sobre ellos.

Para poner en marcha esta técnica, una vez que aparecen los pensamientos negativos intrusivos, debemos asociarlos a un estímulo distractor o “de corte”, seguido de una actividad también distractora.

  1. Estímulo de corte: puede ser la palabra” basta” o “stop” o un golpe en la mesa.
  2. Actividad distractora: una vez que hemos cortado la cadena de pensamientos negativos, es fundamental dirigir nuestra atención a otra actividad. Esta actividad debe requerir de nuestra concentración, de forma que impida que podamos pensar en otras cosas.

Por ejemplo, podemos intentar contar desde 100 hacia atrás de tres en tres (cien, noventa y siete, noventa y cuatro…) Durante este proceso puede que vuelvan a aparecer los pensamientos negativos, si esto es así  debemos volver a emplear el “estímulo distractor” y empezar de nuevo con la “tarea distractora” e inmediatamente focalizar la atención en la tarea laboral que precedía esta distracción.

Otros ejemplos de tareas distractoras son: contar las baldosas del suelo de la habitación en la que nos encontramos, llamar por teléfono a alguien con el que conversaremos de algo que no tenga que ver con lo que nos preocupa, realizar una operación matemática… Cualquier actividad que distraiga nuestra atención es válida, de forma que cada uno debe encontrar “su actividad distractora”.

 

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