Claves para utilizar un lenguaje positivo e influyente

Nuestro lenguaje del día a día nos define como personas, habla de nuestros valores, de nuestras actitudes y de cómo afrontamos las circunstancias de la vida y del trabajo.

El lenguaje que usamos también es un reflejo de nuestra visión del mundo y de nuestra propia identidad. Por este mismo motivo, puede ser utilizado para mejorar nuestra vida y nuestras relaciones en el trabajo. Un uso sistemático de un lenguaje positivo nos puede proporcionar unos resultados sorprendentes en nuestra relación con los demás, sean estos compañeros, colaboradores, clientes, proveedores…

Aquí comentamos alguna pista para reconducir nuestra forma de relacionarnos con los/las demás:

El lenguaje, sí importa. Diseñamos nuestra vida a través del lenguaje y a través de las conversaciones que mantenemos con nosotros mismos y con los demás. Por lo tanto, la realidad es construida, mantenida y, por tanto, puede ser modificada lingüísticamente.

De los pensamientos a la configuración de nuestro destino. La secuencia descrita por Frank Outlaw: cuidado con los pensamientos, se convierten en palabras; cuidado con las palabras, se convierten en acciones; cuidado con las acciones, se convierten en hábitos; cuidado con los hábitos, se convierten en carácter; cuidado con el carácter, se convierte en destino… nos puede hacer reflexionar acerca de hasta qué punto podemos influir en nuestro destino.

El lenguaje está presente en todas las facetas de nuestra vida. Podemos hablar de lenguaje y actitudes, lenguaje y prejuicios, lenguaje y discriminación, lenguaje y pensamiento positivo, lenguaje y credibilidad, lenguaje y emoción, lenguaje y felicidad,… En suma, el lenguaje también condiciona la relación que mantenemos con nuestro entorno.

El poder negativo del lenguaje. A través del lenguaje podemos culpar, disfrazar, encasillar, ridiculizar, agredir… Existen expresiones negativas que dan miedo, de negligencia, que llevan al “no”, expresiones agresivas, vacilantes, condicionales, exageradas,… que impactan y no suelen dejar impasibles a los demás. Esto nos debe permitir hacer un balance personal acerca del porcentaje de nuestro tiempo que invertimos en este tipo de lenguaje.

Se puede convertir el lenguaje negativo en positivo. El lenguaje puede conducir hacia la mejora, el crecimiento, la asunción de responsabilidades y la necesidad de cambiar, solo hay que darle la vuelta y cambiar el porcentaje anterior.

La importancia del lenguaje no verbal. La influencia en los otros de nuestra expresión facial, de nuestra mirada, de nuestros gestos con las manos, de la postura, la proximidad espacial y el contacto físico, el paralenguaje (volumen, entonación, fluidez,…), nuestra apariencia personal, etc. es enorme. Así que, hagamos coherente lo que decimos con cómo lo decimos.

Los ámbitos de aplicación del leguaje positivo e influyente son tantos como esferas hay en la vida de cada uno de nosotros: personal (familia, amigos, tiempo de ocio, etc.) y profesional (compañeros de trabajo, clientes, colaboradores, jefes, proveedores, etc.) y también en función del contexto y los objetivos que nos marcamos en cada caso (regular el comportamiento de otras personas, vender una idea, dar “malas noticias”…).

Os invito a cambiar expresiones como: tienes que… por me gustaría que, estás equivocado… por yo tengo otro punto de vista, no me has entendido… por tal vez no me he explicado bien, no puedo… por en cuento pueda, me extraña… por es posible. También a evitar, en la medida de los posible: no, nunca, problema, difícil, costoso, lento, esperar, imposible… Y potenciar: si, gracias, fácil, ágil, posible, en seguida,…

Si estás interesado en favorecer y potenciar el uso de un lenguaje positivo, contacta con nosotros o echa un vistazo a la ficha del taller que podemos impartir en tu organización.

http://efipsa.com/web/todos/taller-sobre-lenguaje-positivo-e-influyente/

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